lunes, 15 de octubre de 2018

Alfambra. 1937. La Colectividad. El tio Paulino, sacristán.


Paulino Fortea Novella, su esposa Benigna Ruiz y tres de sus cuatro hijos: Victoria, Paulino y Consuelo. Hacia 1937. Foto: gentileza de su nieto Pascual Fortea, hijo de Paulino. (Lidpöping, Suecia)



       Nunca le oí una palabra al tio Paulino. Iba y venía a paso lento, casi cansino, poniendo las vinajeras, encendiendo y apagando las  velas con el pábulo en la mano, tocando la campana de la sacristía cuando salía el cura y protegía entre sus manos el copón y los bártulos de consagrar.
        Se quedaba sentado en un pelote sillero junto a la sala que fue capitular de los sanjuanistas.
        Siempre iba vestido con unos pantalones raídos y una chaqueta de pana sobre una camisa blanca envejecida y limpia.
      Terminada la misa, cuando ya se habían ido todos, cerraba la puerta claveteada de la iglesia mientras aquel cura, Navarrete llamado, pegaba la hebra tabaquera con los pudientes de Alfambra.
       Entonces él, siempre en silencio, se calaba la boina y descendía por la cuesta de las Pescatería caminando hacia su casa.
        Ocurría un domingo detrás de otro y en las fiestas de guardar y aún más rato en las agosteras de la santa, aquella Beatriz romana, virgen y mártir, por supuesto.
        También acudía a tantos rezos rosarrieros, tantas vísperas temporeras, tantas tinieblas semanasanteras, tantos relicarios como se le ocurrían a aquel guerrero transferido de cruzado, su señor, aquel mosén Navarrete. Había que pagar las deudas.
         Desapereció el tio Paulino sin conocer yo cómo ni cuándo. Pasado el tiempo, el vicio de la pasión libresca y documental me llevó a distintos archivos organizados, esquilmados, saqueados, quemados, abandonados, cuando no encadenados en los que, a trompazos y empujones, me ayudan a conocer la vida que nos hizo como somos, a conocer nuestra historia.
          Hace un par de veranos , el alcalde actual de Alfambra me autorizó a consultar unos miles de documentos metidos en cajas de cartón depositadas en lo que fue leñera de la escuela, en los bajos del actual Ayuntamiento.
            Siempre un archivo, aun desordenado, nos sirve para encontrarnos a nosotros mismos, para conocer quién fuimos y hacia dónde vamos.
        Allí encontré entre otros estos documentos que adjunto.
        Simples pero elocuentes para conocer las presencia, aunque breve, de las anotaciones anarquistas que dejaron su huella en aquel  primer año de aquella guerra cruel e incivil.
        La casualidad hizo que este pasado verano un nieto de aquel Paulino, sacristán alfambrino, me remitiese desde su afincamiento en Suecia, una fotografía familiar. Aquel tio Paulino, como le llamábamos todos, que fue miembro de la Colectividad agraria alfambrina, instaurada por gentes de la CNT-AIT FAI en 1937, y luego sacristán sometido al cruzado de la causa nacional católica alfambrina.

Documento. Original en Archivo Ayuntamiento de Alfambra (A.A.A)

Documento de pago. Colectividad de Alfambra. Original en A.A.A.

Libro registro de la Colecividad de Alfambra. Anotación referida a Paulino Fortea. Original en A.A.A.

Original en Archivo histórico de Zaragoza. A.H.Z.



Sobre para cartas, utilizado por el Comité de Abastos de la C.N.T. de Alfambra, con estampillas del control de moneda de la Colectividad. Original en A.A.A.

Número 1 del Periódico "Victoria" de la CNT-AIT, correspondiente al 24 de octubre de 1936. Publicado en la imprenta que se instaló en Alfambra. 




martes, 9 de octubre de 2018

Sin tren y con las puertas cerradas.

¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!

         Así escribió aquel poeta que fue LEÓN FELIPE, un español, entre otros, del exilio y del llanto.
         En estos días en que las gentes de a pie clamamos por unas comunicaciones mejores, por una línea férrea que a un tren le permita transportar las mercancías entre el Este español y el Norte que conecta con Francia, que no cueste hacer el viaje entre Zaragoza y Valencia las cinco horas que ahora tarda en llegar de una ciudad a otra, que consienta a las gentes que aún quedan por estas tierras seguir en ellas y criar y ver crecer a sus familias aquí. En estos días, digo, he recorrido también y una vez más unos lugares que quieren ver cómo sus gentes abren otra vez estas puertas, tantas y tantas, como permenecen cerradas.

        
Lleva tanto tiempo cerrada que hasta la pintura ventera casi se ha perdido. Alguien se llevó hasta el cerrojo. Y aún así no se abre. foto cac.
Cerraron la puerta, pusieron la cadena y el candado. Hasta la tarranclera quedó sujeta con las cuerdas enclavijadas. foto cac.


La misma historia de siempre. Mula, paridera y monte se quedaron atrás. Nadie volvió. La puerta sigue atrancada. Los hierbajos en el corral. Algún espabilao le clavó un número de cerámica. foto cac.

A esta primero la cerraron y luego la colgaron. foto cac.



De niño me costaba mucho abrir el cerrojo con la llave maestra de madera. Ya ni siquiera hay llave. foto cac.


Constantina y Lorenzo vivían aquí. Se tenían que agachar para entrar por la puerta de su casa, excavada entre las piedras. Desde que murieron nadie la ha abierto. Ya hace años. foto cac.

Encontré esta puerta abierta. ¿A dónde el camino irá? foto cac.



          Aquí dejo el poema de León Felipe.


¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

lunes, 1 de octubre de 2018

Allepuz. Año 1942. Un cura con dos cojones, sí señor.



    Allepuz. Año 1942. Un cura con dos cojones





Allepuz.




    Acérquense ustedes por este lugar. Por Allepuz.  Tomen desde Teruel por la carretera de Cantavieja y justo cuando el camino vuelve a ascender después de caminar por el altiplano de Cedrillas y El Pobo encontrarán este lugar. Recostado, protegido por una masa pétrea y mirando al sur para recibir el sol del mediodía antes de comenzar esa ascensión al puerto y valle al que de inmediato se abre y que llaman Sollavientos. El viento solla en estos parajes cuando el cierzo arrecia y el valle de su nombre, protegido por las elevaciones de la sierra de Gúdar, se dulcifica y relumbra con el mismo sol que acaricia los sembrados tardíos de los trigos.

    Es tierra hermosa, sí. Y dura para el trabajo. Por eso se ha quedado sin gente. La emigración por estos lugares se hizo necesaria. Hoy quedan, como cantaba Labordeta, “los viejos y los barrancos”. Poca gente que labra los bancales de las masadas, muy pocos pastores y no muchas ovejas, residentes en ciudades que regresan unos días en verano para abrir la casa de sus padres, de sus abuelos. Un palacio de los tiempos de las órdenes militares reconvertido en hostelería que no puede mantener su explotación, una escuela abierta, que no es poco por estos lares, dependiente del C.R.A. de Cedrillas que lleva el nombre de Palmira Pla, la maestra republicana, exiliada y regresada con la democracia posfranquista. Una honra.



      Aquí, la pasada guerra civil dejó sus profundas heridas, los vencedores pasaron sus facturas, si faltaba algo el maquis actuó por estar tierras. A las gentes les dieron bofetadas, tiros y cárcel por todos lados. Las necesidades, el hambre, la miseria se enganchó en los hombres y mujeres. Sólo tierra de secano, hermosa sí, muy hermosa, y muy dura. Por mucho que padres e hijos trabajasen un día y otro en el dale y venga de siempre, la tierra da lo que da, mucho trabajo y poca cosecha.

   Y, sin embargo, miren ustedes cómo actúa el Cura del pueblo, denunciando a las gentes ante el factótum Gobernado civil de turno, como el mago de la tribu inquisitorial, por trabajar en festivo, por bailar y por no ir a misa.


        Estamos en 1942.

    Lean el texto y luego hablamos.

   

     
Ermita de Santa Isabel. En el valle de Sollavientos.



Exmo e Ilmo Sr.


  El que suscribe Cura Ecónomo de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Purificación del pueblo de Allepuz, provincia y Obispado de Teruel, a V.E. con todo el respeto y sumisión de un súbdito, tiene el alto honor de dirigirse, como en otra ocasión no lejana lo hice, en súplica de cuanto sigue:

         Cumpliendo un deber sacerdotal, velando por el amor a mi ministerio y en la sana interpretación de una ley que ampara los derechos de Dios en una nación católica (Nuestra Madre España) y al mismo tiempo aportando mi granito de arena que es necesario para el nuevo resurgir de la Patria, considerando que es un acto de envilecimiento el que constantemente se oiga en plena calle el nombre de Dios por tierra con blasfemias execrables, propias únicamente de un ser inculto e incivilizado, quebrantando, por otra parte, el precepto dominical con trabajos que bien podrían llevarse a cabo en otro día feriado, sin perjuicio por ello del bien social, embruteciéndose el hombre de este modo, pegado únicamente al terrón y viviendo tan solo vida material y lo que es todavía más sensible que quede el pudor y la vergüenza hecha harapos en un salón de baile, entre jóvenes de ambos sexos, oyendo frases tan groseras que hasta dudo si tendrá letras el idioma que puedan expresar tales ideas, en vista de estos tres puntos, ruego a V.E. si cree justo el sentimiento tradicional de este pueblo, ordenar lo conveniente a esta Corporación Municipal de mutuo acuerdo con este humilde sacerdote, para poner en ejecución y cortar de raíz estos abusos, de los que se han surgido ya graves infamias en el último caso citado y a ser posible que la juventud se divierta, sí, pero … al aire libre y con la luz del día, no en las altas horas de la noche.

         Gracia que sabrá y tendrá en cuenta por el bien de la Religión y España y a quien Dios guarde muchos años.

                   Allepuz 12 Marzo de 1942.

Firmado.-  Salvador Martín

Exmo e Ilmo Sr. Gobernador Civil de la Provincia de Teruel.


Original conservado en el A.H. Teruel.
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   Ya sé que han entendido sin dificultad el texto del cura. 
Pero ¿era necesario titular de Excelentísimo e Ilustrísimo señor al Gobernador? Por tratamiento que no quede.
  Lo hace "con respeto y sumisión de un súbdito". Pelota humillado que es el mosén.
    No es la primera vez que se dirige con lo mismo. Erre que erre. Ni será la última.
     "Una ley que ampara los derechos de Dios en una nación católica (Nuestra Madre España)". Ya les digo que en esta España de nuestro pecados se armó la Dios es Cristo.
       Vaya lenguaje campanudo que utiliza el mago de la tribu. Todo mezclado en una misma parrafada. Sin un punto. Para qué. Así suena mejor.
        Aquí las blasfemias suenan como trallazos, no acuden a misa los domingos los brutos destripaterrones que sólo tienen vida material, llenos de harapos espirituales vergonzosos. Como si el pan cayera del cielo.
   Una propuesta: ¿Por qué no le damos la vuelta a ese final del escrito del cura? Aboga por la diversión de los jóvenes "al aire libre y con la luz del día, no en las altas horas de la noche".
    ¿Quiere que se refocilen esos jóvenes a pleno sol por los bancales de Sollavientos?  Vaya descojono.
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     Ahora lean el informe del guardia civil. Aquí se cumple con la ley, dice el informe. Y mira que los tricornios de la época apretaban las clavijas, eh. Pues ni por esas.


Original en A.H. Teruel

   Pero, amigos míos, el cura se sale con la suya. Ahí tienen su escrito. El guardia civil encargado del puesto de Allepuz escribe este informe el 5 de juio de 1942.

Original en A.H. Teruel



   El 9 de junio cae la primera multa. A José Dolz Gimeno, Miguel Dolz Villarroya, Ignacia Alegre Vicente y dos hijas suyas que estaban trabajando el día del Corpus Cristi. Les caen DIEZ DUROS de multa, CINCUENTA PESETAS, que no es moco de pavo para aquellos destripaterrones. 250 pesetas a una sólo familia en estos años para estas gentes es un dineral. Eso sí, pueden recurrir... después de efectuado el pago.
Origial en A.H. Teruel


    Con el verano  la temperatura del cura sube  y "velando por el interés de la Iglesia y la sumisión debida a Nuestros Gobernantes y habiendo sido denuncidos por mi persona", se dirige al Alcalde el 5 de julio de esta manera
Original en A.H. Teruel
    El Alcalde no se queda atrás y al día siguiente 6 de julio, víspera de San Fermín, remite este escrito al Gobernador.

Original en A.H. Teruel.

          El Gobernador está algo harto del curica y le envía este escrito a la Alcaldía.
Original en A.H. Teruel.




       Continuará.   No se preocupen. Hay tajo con otros curas y en otros pueblos. Con dos cojones, sí señor.


   



        

martes, 25 de septiembre de 2018

Alfambra. Año 1955. Sesenta y tres años después con una miaja de rasmia.



    Alfambra. Con una miaja de rasmia 65 años después.   

 
El general y sus huestes.

 ¡Presenten armas!     … con una miaja de rasmia

  Sí, con una miaja de rasmia porque si no, sesenta y tres años después, se hacen  difíciles de digerir ciertos testimonios documentales.
   Lean la hoja volandera correspondiente al número 67 publicada en “La voz de la parroquia” de Alfambra el día 16 de Octubre de 1955.

 Se trata de una fotocopia del original guardado por quien fue el cura factótum del monumento que ocupa la cima del cerro del viejo castillo alfambrino.

            Observen la delgada línea de trazo negro que sepertentea el cerro sobre el que se yergue una figura abanderada al viento. El trazo lo realizó el propio mosén César Navarrete Cortés y lo guardó para él. En ninguna otra “hoja parroquial” volvió a señalar el camino que, al poco, quedó para siempre en la mirada de los larroyanos, léase alfambrinos, de hoy.
 (He dicho larroyanos porque si Alfambra responde como nombre al significado de “al hambra” ( con h aspirada) por el color rojo de sus arcillosas tierras, los alfambrinos han llamado a sus tierras en el habla de todos los días “royas”, que no rojas. Por eso “larroyanos”, es decir de Larroya, u sease,  Alfambra).

     Los larroyanos pues, sigo con la rasmia, trabajaron como royos, algunos dirían rojos. Si no de qué el milagro de construir a pico y pala seiscientos metros de camino serpenteado hasta la cima de los restos del viejo castillo.

   A ver si aprenden los más expertos picapedreros de hoy en ese esfuerzo loable que están llevando a cabo para devolverle a la antigua fortaleza las hechuras de sus muros históricos.

   ¿Que no me creen ustedes?  Pues lean, lean con atención lo que escribió el propio mosén en la hoja parroquial y volandera.

 


 Al mosén le gustaba el ademán y el lenguaje guerrero. Pico y pala, cantando y desfilando ante su cura-general … y sin parar,  “al tajo”

Alfambra y su castillo en 1948. foto I.E.T.

Alfambra y su castillo en 2018. foto cac.





   ¡Seiscientos metros de camino abierto en un día!

Eso no lo hacen más que los hombres de Alfambra.
   Yo creo que porque han sido y son larroyanos.


  Claro que es posible que las fuerzas les hubieran llegado gracias a la novena que día antes había promovido el propio mosén y que el mismo Obispo turolense bendijo. Las gentes de Larroya habían estado los hombres sin fumar ni beber, las mujeres con poco hablar, los niños sin beber ni comer, todos en ayunas el último día.    
            Alguna cosa más no debieron hacer, por lo menos los adultos, porque si no, ni el Ramadán.

 

  Lean la página entera  y… … … a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga.











jueves, 20 de septiembre de 2018

Orrios. Pasó el verano




Orrios, desde San Cristóbal. @ cac.

      
Orrios. Desde el río Alfambra. @ cac.

 Pasó el verano.

     Queda el pueblo sólo.

     Hace tres años cerró la escuela.

     No hay niños.

        ¿Recuerdan aquello de quedan los viejos y los barrancos como esqueletos rotos frente a la tarde?

         Sí, Miguel cayó del andamio y parió la del Julián, decía y cantaba Labordeta.


     Y parieron también otras mujeres, dejos de estos lugares, en las áreas suburbanas de Barcelona, de Zaragoza, de Valencia, de Castellón. Parieron ellas y parieron también sus descendientes.

      Y algunas y algunos vuelven por estos parajes unos días de los julios y de los agostos. Buscan las fiestas. Y estas gentes nacidas en los andurriales de las barcelonas, de las valencias, de las zaragozas, de los castellones, juventudes avanzadas entre los veinteañeros y los treinta también años, más o menos buenos, más o menos malos, más o menos regulares estudiantes, más o menos empleados en precario, más o menos engordadores de las listas de parados, se divierten en las fiestas de los pueblos en donde nacieron sus abuelos y aun sus padres, aquellos que no tuvieron más remedio que buscar apagar la pobreza y aún el hambre de sus casas, aquellos que dejaron atrás la boina y las albarcas, aquellas que marcharon a servir como las dichas criadas, en los domicilios pudientes de las barcelonas, de las valencias, de las zaragozas, de los castellones de entonces, cuando llegaron, como hoy, en pateras, desde los mares interiores buscando las costas sin remedio.

            Llegan estos jovenzanos por unos días a las casas algo remozadas por sus padres, las que fueron de sus abuelos, quienes tuvieron la fortuna de tener trabajo cuando entonces.

            Llegan, se divierten y aun se atiborran de alcohol y fumeteo sin remedio y aun dicen que esto es cojonudo, que qué bien me lo paso, que qué harían los pocos que aquí quedan si no fuera por nosotros que organizamos las fiestas, que qué paletos y cuántas casas desvencijadas, que ni piscina tienen, que quién va a venir a vivir aquí si no hay en todo el año más que un bar de mala muerte…

            Y ya en septiembre no quedan sino los viejos y los barrancos, y los regatos arramblados como esqueletos rotos. Y los ríos con las riberas llenas de maleza. Que quienes quedan saben que con unos centenares de cabras y unos cuantos rebaños de ovejas los montes no se quemarían y sin palabras huecas de los politiquillos al uso, algunos arribados y arrivistas, poniendo dinero de quienes pagamos impuestos, que somos los más, invirtiendo en transformar los granos de centeno, de avena, de espelta, de panizo, en piensos industrializados aquí mismo, ayudando a que cobren la P.A.C. (política agraria común) quienes trabajan la tierra y no los terratenientes, incentivando a los profesionales que forman en las escuelas a los niños, a los sanitarios que van de aquí para allá, a las mismas gentes que aún y pese a todo quieren seguir aquí, a los inversores de una industria turística que sólo se puede mantener si quienes acuden a su disfrute tienen trabajo en otros lugares y aún vida por delante.

            Quienes cuando fuimos niños se nos llevaron en los años cincuenta, ya del siglo pasado, a los suburbios de las ciudades, cuando la vivienda era un lujo escaso y compartimos sin saberlo los desvelos en el trabajo día sí y noche también de nuestro padre, las rodillas ensangrentadas de la madre de tanto fregar suelos y las manos quemadas por la lejía, no sabemos qué hacer ya, o yo no sé, salvo querer a esta tierra, hablar de ella, compartirla, levantar una casa y devolverla a la vida.

   … Señores políticos que manejan el cotarro de los dineros de los demás, incentiven a inversores y residentes y déjense de milongas fotográficas alrededor de mesas comilongas.



Orrios. Esqueletos rotos. @ cac.


Cerró la puerta, ató el ronzal, astilló el garrote... y el que venga detrás que arree.   @ cac.


Como en el Poema del Cid: vio puertas abiertas e uços sin candados. @ cac.


Una esperanza... la humilde flor del azafrán silvestre. Por El Campillo.  @ cac.

La casa.  @ cac.