lunes, 21 de septiembre de 2015

Haciendo "el gaire" en Pancrudo.







Pancrudo. VIII festival Gaire. 2015


  Nos decían que no hiciéramos “el gaire”, que fuéramos formales, que nos comportáramos como Dios manda, que no enredáramos, que no fuéramos faranduleros ni estrambóticos.
   Pero nos bastaba con una sola palabra. Con “gaire” teníamos de sobra. Hundíamos la cabeza cuando éramos pequeños y dejábamos de hacer el tonto ante nuestros padres, nuestros abuelos o nuestros tíos. Nos dolía más cuando nos lo decían otros no familiares. Y les remugábamos por lo bajo.
  Muchos años después de aquellos años de “la cartilla” y “el Catón”, aquellas mismas gentes y sus descendientes han recogido la palabra y la han ennoblecido.
         En Pancrudo, ese pueblo apretujado entre el secano de sus tierras y el inicio nacedor del río de su mismo nombre lleva ya ocho años, ocho, levantando un festival que llaman de “artes escénicas” y, sin duda, lo son.
        Me he dejado caer por este lugar solitario cuando casi todo el año y desbordado de gentes solidarias, de vehículos, de tiendas de campaña, de abalorios callejeros, de saltimbanquis, chiflaineros, titiriteros, músicos, cuentacuentos y cómicos de la legua de antaño y hogaño.
         Estos dos días de septiembre Pancrudo se desborda, los pancrudinos se multiplican en su amabilidad, en su trabajo, en ofrecer a cuantos quieren acudir aquí (y cada día son más) su callejeteatro, sus juegos experimentales y libres, sus manipulaciones de objetos y palabras, sus títeres, sus hadas, duendes y marionetas gigantes, sus danzas circenses, sus acrobacias, sus saltos que llegan a la luna, sus conciertos y hasta sus exposiciones fotográficas.
     Esto es Pancrudo y este es su festival.
  Esto es un milagro, pero los milagros no existen. Existe sólo el trabajo, el querer hacer, el esfuerzo, el amor a una tierra, el dale y venga de horas y horas empleadas en conseguir dinero para pagar a tantas gentes que ofrecen su trabajo y llegan de distintos lugares, el escribir a unos y otros, el pagar la cuota de esa asociación que se llama “El Calablozo” (casi nada), el diseñar camisetas, el venderlas, el confeccionar sombreros, el pasarse horas y horas detrás de una barra sirviendo cervezas y preparando bocadillos y patatas fritas, el preparar los accesos, el colocar los carteles indicadores, el levantar escenarios… y, cuando todo termina y las calles se quedan solas, el retirar todo lo contado y sentirse cansado y satisfecho pensando ya en el próximo año.
  Ha sido en Pancrudo, junto al nacimiento del río de su nombre, en las tierras parameras de un dulce septiembre, donde se comparte el pan bien cocido de amistad fraterna haciendo “el gaire”.
Una cerámica recuerda el 800 aniversario de Pancrudo. @cac.

En otros lugares aún había más gente. @cac.

Tomás, Fidel, Flor, José María e Irene, cinco de los hermanos Lahoz, pancrudinos de pro, que también son "Tolosa" @cac.

Ya saben. No sólo de pan, crudo o cocido, se vive. @cac.




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