lunes, 18 de junio de 2018

Teruel. Guerra civil. Rosario Calvé Navarrete, la cacagüera. Humillaciones. Torturas. Fusilamientos

Conchita Pueyo, Preso en la cárcel me tienen

https://www.youtube.com/watch?v=US0j_yIiTKo
19 abr. 2014 - Subido por elmesmi
"Conchita Pueyo (1922-2002). Personalísima cantadora de jota aragonesa que alcanzó justa ...



Original en AJTMZ. (Archivo juzgado togado militar de Zaragoza)


              Las humillaciones, las torturas, los vergarazos, las palizas, las purgas continuadas de aceite de ricino hicieron que el cuerpo destrozado de aquella Rosario Calvé Navarrete, conocida como “la cacagüera” fuese arrastrado hasta la misma puerta de la cárcel de Santa Clara, en la ciudad de Valencia.

            A rastras llegó hasta el maloliente cauce del río Turia que pasaba por el puente de madera, donde se refugió entre los tratantes gitanos enfrascados en la venta de las caballerías y los burros llenos de mataduras adornados con cabezadas repujadas.

            Le llamaban la cacagüera porque vendía cacahuetes en los soportales de la plaza de El Torico.

            Cargaba al hombro un saco y se sentaba sobre el pelote de madera mientras cobijaba el saco de los cacahuetes que vendía en unas medidas de corcho talladas a navaja.

            Por aquella esquina, justo donde arrancaba la calle de El Tozal, pasaban una vez y otras los habitantes de Teruel mientras caminaban de un lado a otro. Por las mañanas se llegaban las gentes de los pueblos con sus fajas y toquillas, arrastrando alpargatas y albarcas a la busca de alguna tela en casa de Ferrán o herramientas de trabajo o sal para las ovejas en los colmados de Asensio. Todos conocían a la cacagüera y raro era quien no le comprara algún puñado de cacahuetes tostados para llevarles a los zagales que quedaron en el pueblo.

            También la conocían, y mucho, aquellos parroquianos que iban y venían del Ayuntamiento a la Catedral, del Casino a la iglesia del Salvador, se llegaban hasta el Óvalo y el mirador de la Escalinata hacía poco construida. Eran las gentes del sombrero y de los dijes que sujetaban el reloj sobre el bolsillo del chaleco.

            Todo el mundo la conocía en Teruel y ella sabía de todos, de sus dimes y diretes, de sus negocios y chanchullos, de sus intereses, de sus aficiones, de sus ideas y acciones, de sus asentaderas de siempre y de la clerigalia más rancia.

            Era más pobre que las ratas. Su marido se enganchaba a trabajar acarreando leña en los inviernos y dándole a la siega en los veranos, o a lo le que salía o dejaban caer los que más tenían. Sus cuatro hijos tan pequeños que cabían debajo de una teja tenían siempre las tripas rayadas por la riña del hambre.

            Ya en los primeros días siguientes a aquel sanguinario 18 de julio de 1936 Arcadio Muñoz, su marido, fue llevado a la cárcel. Allí estuvo hasta enero de 1938 donde al tiempo fue a parar la propia Rosario. Hasta que unos milicianos abrieron las puertas y comenzó aquella evacuación de gentes desperdigadas entre los hielos de los días atizados de bombardeos.

            Hasta  marzo de 1939 estuvo mal viviendo en los refugios de Valencia. Su boca, en ocasiones lenguaraz, le llevó a la denuncia ante tribunales populares de las mismas gentes  que bien conocía en aquellos días de venta ambulante y del maltrato que le dieron a ella, a su marido y a sus hijos.

     Por eso los señoritos pijaitos falangistas de Teruel, recién salidos del penal de San Miguel de los Reyes, la detuvieron y entregaron a la brigada social para que pasara por sus "diligencias" donde unos días antes de que fuese a parar al cauce del Turia tuvo que firmar una declaración en la entre muchas cosas más “impulsada por un sentimiento de venganza innoble y ruin, juró hacer todo cuanto daño fuera posible a la causa de la Patria no descansando ni un solo instante en servir a lo que representaba la Antigua España, y en efecto, en cuanto los marxistas entraron en Teruel se puso en contacto con los dirigentes de la horda ofreciéndoles su persona y servicios que por su perfecto conocimiento de las personas de orden, que no pudieron eludir la tiranía roja, habían de ser inmejorables ya que nadie como ella por ser vendedora ambulante, conocía la posición ideológica de los que no habían podido ser evacuados…”

       Así se dice en aquella causa abierta como Consejo de guerra sumarísimo instruída por el tribunal número dos de Teruel, radicado en Valencia, que se abre en abril de 1939.  Así se dice y así se escribe, pese a que también se dice, y también se repite, que Rosario era analfabeta y bien que se la desprecia como se precian de repetir una y otra vez.

            Un falangista melillense, devenido durante la guerra en teniente de infantería de nombre Antonio Rodríguez Pineda, es erigido en juez instructor de una causa abierta contra catorce personas cuya finalidad esencial es convertir al socialista Ángel Sánchez Batea -a quien los mismos sublevados mataron a su mujer y a su hija de diecisiete años- en diabólico ser perverso, culpable de todos los crímenes cometidos en Teruel y sus alrededores.

            Para ello el nominado juez instructor solicita y consigue, de inmediato y ya, a los agentes torturadores antecesores y maestros de Bili el Niño, llamados Ginés, Ferrer y Herrero para que consigan con sus humillaciones, palizas, vergarazos y brebaje de ricino la declaración inculpatoria de unos de los catorce contra los otros también catorce.

        Dos de ellos no llegaron a la farsa del juicio de octubre de 1942. Se quedaron en el camino sin sentido de las “diligencias”. Aún así firmaron la enrevesada prosa redactada por el teniente melillense convertida en un puro dislate falangista.

            Ángel Sánchez Batea, a quien llamaban el Obispo, fue el único a quien no consiguieron doblegar con su firma acusatoria. Lo dejaron en el camino hacia su matanza cojo, sordo, tuberculoso y medio muerto, pero no firmó.

         
Informe de la encargada de los servicios. AJTMZ.
   A Rosario, cuando la tiraron la calle, la dejaron en “prisión atenuada”, tullida, destrozadas sus piernas y con una diarrea crónica. Por eso la monja “sor Pilar Colomer, Encargada de los Servicios del Interior de la Prisión Provincial de Mujeres de Santa Clara, en Valencia, indica al Sr. Director de la misma que Rosario Calvé Navarrete, padece de colitis aguda, según el Médico de este Establecimiento, resultando del todo imposible estar en esta Prisión por no reunir condiciones, teniendo que sacarla continuamente para todas sus necesidades de la celda, y como el Sr. Juez ya nos dijo que si no teníamos lugar lo expusiéremos, ruego a V.I. gestione lo antes posible el caso”.

            Así que a la calle con sus cagaleras a rastras la cacagüera turolense, sin saber nada de su marido. Con cuatro hijos pequeños llenos de piojos y hambre malvivió entre los refugios del barrio del Carmen y los suburbios de la carrera de san Luis, donde comenzaban los arrozales valencianos. Mientrastanto no le faltaron nuevas entradas y salidas de la cárcel porque nuevas causas la traían y la llevaban por aquello de la “adhesión a la rebelión”. Lo que el mismo Serrano Súñer bendijo como “la justicia al revés”.

            Así hasta que en aquellas traídas y llevadas fue condenada a muerte el 23 de octubre de 1942, en Zaragoza. Porque, insisto, entre otras muchas cosas “durante toda la tiranía roja prosiguió su labor de confidente y sus vesánicos deseos de masacrar la carne de los que sustentaban el principio de amor a la Patria, no reparando en procedimientos para satisfacer el logro de sus deseos…” según el dislate de la redacción falangista.

El acta del juicio dice que el tribunal se reunió a las nueve de la mañana con la presencia de todos los encausados -ya sólo quedaban doce- se levantó la sesión a las una media para comer, se reanudó a las cuatro, y a las ocho de la tarde quedó redactada la sentencia.

Documentos en que aparecen las horas de entrada y salida de la cárcel de la calle Predicadores. AJTMZ.

 Hasta en eso miente el llamado tribunal porque Rosario salió de la cárcel situada en la calle de los Predicadores de Zaragoza a las dos y media de la tarde y regresó a las siete y media, según acreditan los documentos que adjunto.

            La condena ya estaba redactada. A los condenados el día veintitrés se les asignó un alférez defensor el día de antes, veintidós, para que “preparara” la defensa de la ya redactada sentencia escrita por Félix Solano Costa, hermano de Luis y de Fernando, la saga central de falangistas que querían y trataron de implantar, como jueces ya empotrados después y catedrático de la cavernícola Univerdidad de Zaragoza, un Estado español nazi. He dicho nazi.

            El ya entonces capitán general de Zaragoza, Monasterio, confirmó la sentencia que elevó a las alturas de Su Excelencia por la gracia de Dios, quien se dio por “enterado”.

         En la madrugada del día 29 de mayo  de 1943 un piquete de cinco soldados desayunados con coñac, obligados por un alférez, apretaron el gatillo del mosquetón y tumbaron sobre las tapias de Torrero a Rosario y siete más.
El 29 de mayo de 1943, de madrugada, fueron fusilados Rosario, Ángel, Miguel, Ramón, Saturnino, Vicente, Pedro y Eulalia.


Conchita Pueyo, Preso en la cárcel me tienen

https://www.youtube.com/watch?v=US0j_yIiTKo
19 abr. 2014 - Subido por elmesmi
"Conchita Pueyo (1922-2002). Personalísima cantadora de jota aragonesa que alcanzó justa ...

           


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