Las puertas desoladas, arrumbadas por los tiempos...
El Maestro siempre tenía el libro encima de
su mesa. Cerrado.
El Maestro siempre estaba
sentado en su desgastado sillón de madera dura. Nos hacía pasar a leer la
cartilla hasta que nos la sabíamos de memoria. Luego venía el Catón. También de
memoria. Y un día y otro, y otro y otro. Siempre más de lo mismo.
Mirábamos de reojo aquel
libro. Franco era Dios. Lo podía todo. Estaba en todas partes. Como Dios.
El libro sólo se abría
cuando, en la tarde, se acababa la escuela. Era el momento n que el Maestro
llamaba a uno de aquellos mayores que nos sobaba la badana en los recreos y
cuando jugábamos en las eras. Lo hacía leer en voz alta una página del libro de
Franco, como así le decíamos. Después venía la tabla de multiplicar. Dos por una
es una, dos por dos cuatro … diez por
diez cien.
Y entonces el caralsol,
con el brazo en alto, a estilo de las falanges romanas, aunque estuviera
nublado o cayera la nieve, Y al finl, todos a una, Franco, Franco, Franco y
España una, España grande y España libre. Y el Maestro al final con su voz ya
aflautada “Arriba España”.
Y hala… entonces,,, a cascala a Luco, que
dan reales y un currusclo.
Encontré el libro entre
revueltos papeles, llaves oxidadas, esquilos sin badajo, viejos despertadores
sin saetas, platos de aluminio, cucharas de latón y desechos de la vida. Todo
en el río revuelto de la ganancia de pescadores.
Y allí estaba con su nombre en letras
grandes en una esquina, sobre la acera, tirado, en la plaza de Lope de Vega,
junto a la plaza redonda de Valencia. Tanto años después en que memoricé sin
saberlo aquel libro escuchando a la zagalada que nos sobaba la badana. De oídas
como decíamos siempre.
Y dí con el autor de este catecismo de la doctrina
franquista, Don Ángel, como todos le llamaban cuando entonces, años después,
era el amo del cotarro.
Yo me iniciaba como
docente.
Él era el Inspector
Jefe. Y mandaba, mandaba. Y soflamaba
Todo tan viejo, tan
desgastado, tan abandonado como esas puertas de aquel mi lugar de la escuela,
de aquellas eras de nuestros juegos, de aquellos tiempos que nos marcaron, sí,
con los modos de habla, con la lengua del franquismo.
![]() |
| Cristobalito Gazmoño como Maestro reencarnado... |
Ejemplo de HIPÉRBOLE como figura literaria


No hay comentarios:
Publicar un comentario