martes, 21 de abril de 2026

Notas para un estudio de la lengua del Franquismo. Cuando Franco era Dios.

 




 

Las puertas desoladas, arrumbadas por los tiempos...

   El Maestro siempre tenía el libro encima de su mesa. Cerrado.

El Maestro siempre estaba sentado en su desgastado sillón de madera dura. Nos hacía pasar a leer la cartilla hasta que nos la sabíamos de memoria. Luego venía el Catón. También de memoria. Y un día y otro, y otro y otro. Siempre más de lo mismo.

Mirábamos de reojo aquel libro. Franco era Dios. Lo podía todo. Estaba en todas partes. Como Dios.

El libro sólo se abría cuando, en la tarde, se acababa la escuela. Era el momento n que el Maestro llamaba a uno de aquellos mayores que nos sobaba la badana en los recreos y cuando jugábamos en las eras. Lo hacía leer en voz alta una página del libro de Franco, como así le decíamos. Después venía la tabla de multiplicar. Dos por una es una, dos por dos cuatro …  diez por diez cien.

Y entonces el caralsol, con el brazo en alto, a estilo de las falanges romanas, aunque estuviera nublado o cayera la nieve, Y al finl, todos a una, Franco, Franco, Franco y España una, España grande y España libre. Y el Maestro al final con su voz ya aflautada “Arriba España”.

    Y hala… entonces,,, a cascala a Luco, que dan reales y un currusclo.

Encontré el libro entre revueltos papeles, llaves oxidadas, esquilos sin badajo, viejos despertadores sin saetas, platos de aluminio, cucharas de latón y desechos de la vida. Todo en el río revuelto de la ganancia de pescadores.

   Y allí estaba con su nombre en letras grandes en una esquina, sobre la acera, tirado, en la plaza de Lope de Vega, junto a la plaza redonda de Valencia. Tanto años después en que memoricé sin saberlo aquel libro escuchando a la zagalada que nos sobaba la badana. De oídas como decíamos siempre.

  Y dí con el autor de este catecismo de la doctrina franquista, Don Ángel, como todos le llamaban cuando entonces, años después, era el amo del cotarro.

Yo me iniciaba como docente.

Él era el Inspector Jefe.   Y mandaba, mandaba. Y soflamaba     

Todo tan viejo, tan desgastado, tan abandonado como esas puertas de aquel mi lugar de la escuela, de aquellas eras de nuestros juegos, de aquellos tiempos que nos marcaron, sí, con los modos de habla, con la lengua del franquismo.

 

  

 

Cristobalito Gazmoño como Maestro reencarnado...




                  Ejemplo de HIPÉRBOLE como figura literaria

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