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domingo, 6 de octubre de 2024

De nuevo sobre Blas de Otero y Miguel Labordeta.

           En la Biblioteca María Moliner de la Universidad de Zaragoza se conserva el fondo documental de Miguel Labordeta.

    Entre otros documentos aparece, anotado por Miguel Labordeta, el poemario de Blas de Otero titulado "A la inmensa mayoría".

    Blas de Otero fue persona no exenta de problemas existenciales que le ocasionaron a veces trastornos y que le llevaron a crisis personales en algún momento relacionadas con su utilización, y su dejarse utilizar, por el Partido comunista de España (PCE). En su estancia en Cuba, a finales de los años sesenta del siglo pasado, se casó y luego se divorció de Yolanda Pina, sin anular el matrimonio que también había contraido con Sabina de la Cruz, quien lo cuidó y protegió hasta su fallecimiento en 1969. 

    Sabina de la Cruz mantuvo correspondencia con Miguel Labordeta. Sus cartas, las de ella, algunas mecanografiadas y otras amanuenses, se conservan en en el archivo zaragozano. Con frecuencia habla de Blas de Otero.

       También Miguel Labordeta lo protegió en ocasiones al igual que hizo con Agustín Ibarrola, compañero que fue de Blas de Otero en  su  estancia en París.

     Dejo aquí algunas páginas de "A la inmensa mayoría" anotadas de la mano de Miguel Labordeta en la edición conservada en la biblioteca María Moliner.

    Para hacer pensar y seguir investigando.


Invitación a un recital de Blas de Otero organizado por Miguel Labordeta en el colegio Sanro Tomás de Aquino de Zaragoza.
Las anotaciones, escritas con tinta roja, son de Miguel Labordeta.











Carta de Blas de Otero a Miguel Labordeta solicitándole la organización de un acto que le reporte algún beneficio económico.

lunes, 2 de octubre de 2017

A garrotazos y devorados por Saturno.






               Desgarrado, triste, avergonzado, desamparado, asqueado, harto …

 Os lo diré, una vez más, con palabras de Miguel Labordeta, hoy, dos de octubre de 2017, a vosotros rajoyistas y puigdemontistas.
         Y con Goya, nosotros, a garrotazos, mientras Saturno nos devora.





LLORO PORQUE SÍ. Lloro porque puedo y porque soy hombre. Lloro por mí y por cualquiera. Por nada y por todo. Por los que van a las oficinas con sus lomos de perro. Por los que van a la guerra. Lloro por Dios, por la raza humana perdida en las estrellas. Lloro por lo que pude ser, por lo que fui, por lo que no seré nunca. Por los que no nacieron aún, por los vivos, por los muertos. Lloro como un mendigo roto. Lloro por todo lo que ocultamos, tremendamente precioso, mientras matamos esta fuga, duda brevísima, en engañar, en ocultarnos, en chuparnos la calavera tras despreciados centavos, hasta que aquel lírico secreto maravilloso se corrompe y se transforma en cáncer apestoso. Lloro por mis enemigos, por las fuertes financieras y las pobrecitas hormigas. Lloro por los que nunca tendrán una mano que les lave la frente con su amor. Lloro por las noches de otoño, cuando un ataúd cruza los caminos. Por los enamorados y por los ebrios de tristeza y por los triunfadores y por los felices.