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lunes, 28 de noviembre de 2022

Franco. LIbro de oro del trabajo. Por sus santos méritos.

 

 

 La actual ministra de trabajo, Yolanda Díaz, anuló la concesión de la medalla de oro del trabajo a SEJE (Su Excelenia el Jefe del Estado), generalísimo de todos los ejércitos y caudillo de España por la gracia de Dios... según aparecía hasta en las monedas antes de aparecer el euro. También se la quitó a unos cuantos de su cuerda, de la de Franco, quiero decir.

La medalla.


    El libro de oro del trabajo lo pueden encontrar ustedes en la Biblioteca nacional de España. Gracias a la reciente ley de Memoria democrática han podido ser anuladas otras concesiones de medallas a otros grandes, grandísimos franquistas.


        Ese libro, conservado ya digo en la Biblioteca Nacional, y exhibido por la Ministra en el momento, emocionado, de su derogación, está dedicado el 8 de mayo de 1970 a     Francisco Franco, Caudilo y Primer trabajador de España en el Cincuentenario del Ministerio de Trabajo.


 

Aquí tienen el texto original.


 Por si no se lee bien trancribo el documento guardado en la BNE.   (Digno texto que merece ser estudiado "lingüísticamente" por los bachilleres españoles y filólogos en ciernes. Les recomiendo lean el trabajo de Victor Klemperer "La lengua del Tercer Reich, apuntes de un filólogo" edit. Minúscula, Barcelona)

     "Al frente de los trabajadores que en la guerra dieron su sangre y en la paz su esfuerzo, Francisco Franco, Caudillo de la hueste laboral de España, devolvió a la Patria la dignidad y el rango perdidos.

    Cuarenta y siete años de servicios sin reposo, en continuada vela, desde el alba al ocaso, combatiendo y gobernando, conduciendo la Nación española desde la oscuridad a la luz, dictando la justicia en el trabajo, vigilando la pureza de la Revolución Nacional Sindicalista y forjando el primero y el último eslabón de la unidad entre los hombres de España, obligan a los trabajadores que siguen sus banderas a exigir para su Jefe un galardón sin par que corone sus victorias sociales.

    El ministro de Trabajo recoge este clamor para constancia solemne de los esclarecidos méritos del primer trabajador de España y crea por el presente Título Medalla de Oro Laureda al Mérito y al Sacrificio en el Trabajo, que nadie podrá ostentar en el futuro, para el Excelentísimo señor CAPITÁN GENERAL D. FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, Generalísimo de los Ejércitos, Caudillo de España y Jefe Nacional del Movimiento.

   Madrid 18 de julio. Fuesta de la Exaltaión del Trabajo de 1953. 

 

Ojo al dato: la "laureada", según el texto de concesión, sólo la podría ostentar SEJE.

La ministra de trabajo, Yolandía Díaz, en el momento de la comunicación que anula la medalla a SEJE.


 

domingo, 6 de febrero de 2022

El pintor Ignacio Zuloaga, Franco y el enano botero.


 

         


 


Franco pintado por Ignacio Zuloaga.

 Con un par, sí señor. Con un par de tipos así, pareja de dos pintados por la mano de un Zuloaga que se me antoja, pese a todo, un tanto zumbón. (No quiero entrar ahora a escribir la motivacion necesaria que le llevó a trazar esta pintura).

    Un Framco embotado o empolainado, qué más da, al estilo copión de un Mussolini. Aún le falta tripa antípoda de la culona, con fagín de general borlado, camisa negra, que no azul falangista, ojo avizor de Zuloaga, araña roja algo disminuida, subyugadora de las flechas, un bigotillo a lo Hitler remendón y unos ojos acharlotados señalados por el pincel del autor. Tocado con una gorra roja desgarbados  despojada de borla.

    Eso sí, firme el ademán, a así parece. La mano izquierda, achulada, en la cintura. En un lateral la otra, envainando una lanza que enarbola una bandera de ida y vuelta en el hombro franquista y se retuerce, larga, coleando cual capa en parafarnalia de un cardenal de la curia pontificia.

    Aquí está él, con las espuelas puestas. ¿Dónde fue a parar el cuadro? Ocupaba un lugar en el Pazo de Meirás. O eso dicen. ¿Guardado en algún trastero guarnicionero criando moho? ¿En la cripta dineraria de algún Banco rescatado?

    En cualquier caso, ahí está él, sus polainas, su bigotín hitleriano, sus ojitos lamineros, envuelto en su bandera. Detrás, diminuta, desdibujada, la piedra granítica, la silueta de Cuelgamuros, todo un paisaje difuminado. 

    Intencionado el embotado de Zuloaga.

...

Y aquí dejo las palabras escritas por Ortega y Gasset ante el otro cuadro, también de Zuloaga.

 "¡Divino enano mortal, bárbaro animáculo que aún no llegas a ser un ser humano y lo eres bastante para que echemos de menos lo que te falta! Tú representas la pervivencia de un pueblo más allá de la cultura; tú representas la voluntad de incultura". - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2021-12-12/jesus-lainz-ignacio-zuloaga-pintor-de-franco-

El enano Gregorio el botero
Pintura de Ignacio Zuloaga.

 

martes, 22 de octubre de 2019

Paco, levanta la mano a ver si llueve.


No sé quién los crio pero ellos mismos se juntaron. Recémosle un requiem.




      Franco y dios, su señora collaresca, la hija de ambos dos, el yernísimo puto amo, la nietona borbónica golfante, los demás nietos a cual más felón, el ministro ultra Utrera, su yerno más gallardón por desposar con su hija, el cuñado abogado del pelele que se alojó en El Pardo, el tal pilili alias Paquito el del culito, el abuelo más gallardo disfrazado como El Tebib Arrumi, corresponsal de todas las batallas franquisteicas desde los cuarteles donde los coroneles, y aun cuasi generales, hinchaban sus cerebros con las gónadas cataplinescas donde vivía la muerte para otros según el tuerto manco.
                        “Ñoles todos… os he dado siempre por donde los pepinos amargan” decía por lo bagini con su media voz aflautada.
           
Vaya medialagartijera que lleva esta tropa... y era al toque de diana.
Entierro del ultra Utrera. Ruiz Gallardón, el yerno, gallardo, arrima el hombro.

La nietona... a lo suyo.
El Tebib Arrumi, Ruiz Albéniz, abuelo gallardón, junto al amo de su voz.
Uno de los crónicos libros del cronista gallardo Tebib Arruni

No se pierdan esta perla que adjunto del cronista crónico voceras del general de la voz aflautada. Lean al morabito.
... y de un solo tajo lo dejó partido en dos.

lunes, 22 de enero de 2018

Puesto que Franco nos salvó de la muerte con la ayuda de Dios... ... ...





 

 
Primeras lecturas. Cuando los años cincuenta... del siglo pasado.


Había sólo un ejemplar en la escuela. Lo guardaba el maestro dentro de un armario de puertas mugrientas. Nos lo dejaba leer cuando ya lo hacíamos de carrerilla luego de haber estado tanto tiempo con aquello de la eme con la a ma y la pe con la a pa.
         En nuestras casas nadie ni ninguno teníamos un libro. Y todos lo queríamos leer a la vez. Por eso nos peleábamos entre nosotros y  hasta perdonábamos las partidas de pelota dispuestas debajo de la escuela, en el trinquete, las que nos dejaban las manos llenas de sangre entre las quebrazas que se nos abrían en los dedos curados con nuestros propios meos.
         Nos sabíamos los viajes de memoria y hasta los más mayores nos los recitaban e nuestras espaldas cuando los pequeñajos seguíamos la lectura.
         No habíamos salido nunca del pueblo, ni nos imaginábamos cómo era aquel acueducto o viaducto, ni aquellas torres que se nos quedaban sin imágenes aunque llenas del sonido de aquella palabra tan rara llamada mudéjar que con el tiempo se antojó tan bella.
         Y se nos quedaba bien adentro metida la imagen de aquel todopoderoso que nos miraba vigilante colgado en la pared central de la escuela, junto a la cruz donde boqueaba agonizante aquella figura desgarrada de dolor con el paño blanco cubriéndole las vergüenzas. Miradas de reojo por el pijaito de pelo engominado retratado a su lado, arremangada su camisa bordada en rojo con flechas yugoladas. Detrás justo del sillón ennegrecido de madera sobada que ocupó siempre y en todo lugar el maestro, quien nos hacía cantar todos los días , antes y después, aquellos himnos gritones de los luceros que nunca supimos qué eran, de la primavera dicente siempre que reía y del paso alegre de una paz manchada por aquel marxismo del que nos apuntaba la lectura, que vete tú a saber qué significaba la dichosa palabreja de la que los más mayores sólo nos decían que se escribía con equis, oye tú, con equis.
         Y por supuesto nos daban miedo las momias en que nos íbamos a convertir si aquel soldado de la estampa paginada apretaba el gatillo y nos cascaba el balazo.
         Aunque, claro, Franco todopoderoso, con la ayuda de Dios, que para eso se habían puesto de acuerdo en nuestra imaginación escolar, nos salvaría de la muerte.
         Y desde nuestro Teruel, nunca visto con nuestros propios ojos, seguíamos leyendo y viajando por la España que tantos años después llegamos a conocer y aun adquirir el libro de aquellos tiempos, en los mismos días en que el mismísimo general de todos los ejércitos, condecorado con la mismísima medalla laureada de san Fernando que él mismísimo también se concedió a sí mismísimo, se cagaba, hecho un guiñapo, en forma de melena según nos radiaban y aun televisaban los parlantes de turno delante de aquellos que se firmaban, según decían, el equipo médico habitual. Justo entonces, en los días ya lejanos de interminables exámenes de aquellas oposiciones que sólo se celebraban en la villa y corte madrileña, mientras el rastrapaja que suscribe habitaba hospiciano en una pensión de habitáculos barojianos en la mismísima calle Mayor, encontré, mientras caminaba de igual modo en paseo barojiano, en la mismísima cuesta de Moyano, cercana al lugar de suplicio opositor, encontré digo, entre los escombros de libros, éste igual que aquel que guardaba en el armario seboso nuestro maestro sentado todos los días en el no menos pringoso sillón, protegido por los retratos de nuestros dioses ya perdidos.






viernes, 17 de julio de 2015

Era más que Dios


Foto de Guadalupe Ferrández Sancho.
Andorra (Teruel) recibe a Franco en 1953







   Pues sí. Franco en aquel inicio del verano de 1953 era más que Dios. Franco era Franco y Sanseacabó.
   Esta fotografía aparecida en “Fotos antiguas de Aragón” que ha servido como motivo para el artículo de Joaquín Carbonell trae a mi memoria justo aquel inicio del tórrido verano del 53.
  Aquel verano comenzó con el final del curso escolar. Tenía yo entonces siete años. Hoy los recuerdos son pocos. Conservo tres fogonazos tan sólo.
  En el primero me veo buscando palos entre las ramas de los chopos en la riera. Los más pequeños ni siquiera sabíamos cortarlos. Otros zagales  habían conseguido hasta que el carpintero les alijara uno bien recto. Habíamos estado días y días pegando papeles “royos y amarillos”, decíamos. El maestro nos machacaba con que tuviéramos cuidado que aquellos papeles eran de seda y que formaban la bandera “roja y gualda”. Y nosotros veíamos tres colores y eran “el royo, el amarillo y el royo”. Y el gualda aquel nos recordaba sólo a una hierba que llamábamos mielga y que tenía un olor tan desagradable como su nombre. Pero andábamos revueltos todo el día y no pensábamos más que en nuestras banderas y en aquel nombre que sonaba “Franco, Franco, Franco Arriba España” cuando terminábamos de cantar aquel “Cara al sol” de todos los días tras la jornada de la escuela.
  En el segundo estoy tumbado sobre un ribazo entre dos bancales en barbecho. Llevamos ya no sé cuánto tiempo y por aquí no pasa nadie. No sé a qué hora hemos salido del pueblo. Desde este cruce con la carretera de Teruel a Alcañiz tenemos tres quilómetros hasta el pueblo. No sé cómo hemos venido, supongo que andando porque no recuerdo ningún mulo. Hemos subido por la senda iniciada en el molino de la maquila por hacer más corto el camino. La gente mayor también se impacienta y los de la camisa azul con el escudo arañado de trazos rojos dicen que ya llegará, que seguro que viene, que el Caudillo tiene muchas cosas que hacer y que pasará, seguro que pasará. Un par de hombres han sujetado mejor las vigas de chopo hincadas verticales en las cunetas para que aguanten mejor la enramada que enmarca entre colores, otra vez royos y amarillos, las letras bien grandes escritas en el centro que dicen “Franco, Franco, Franco Arriba España”. Es el arco, el arco de triunfo pienso ahora, del que nos ha hablado un día y otro el señor maestro en la escuela y del que han repetido en casa, una y otra vez, que si bien grande, que las mejores vigas, que otro día perdido, que si tenemos que regar, que Franco va a inaugurar no sé qué, que tendremos mejor luz con la central que se pondrá en marcha en Aliaga, que si no sé qué más y que dale y venga.
  El tercero es un fogonado centelleante. Alguien grita desde  el puente de Las Canales por el que nunca llegó a circular el ferrocarril hasta Alcañiz, que ya vienen los motoristas, que preparados, que ya está aquí, que viene, que viene.  Y al grito me levanto del suelo, achicharrado ya por sol del mediodía, con ganas de echar un trago del tonel en el que ya no queda ni gota. Echo a correr y cuando llego hasta el arco de triunfo alguien dice que es él, que va ahí dentro, que lo ha visto, que ha levantado la mano. Yo sólo acierto a ver un coche negro, como una cucaracha gigante, que se escabulle y desaparece ya camino hacia Perales, por una carretera que estos días ha ido parcheando con zahorra recogida con los cestos mimbreros  el caminero, quien ahora se pone otra vez la gorra y levanta un tanto los hombros sin decir nada ni qué. Tan sólo les ha dado tiempo a las mujeres enlutadas, a los hombres con sus chaquetas de pana y a los vestidos con su camisa azul violado, a levantar el brazo a la manera de las legiones romanas y a gritar aquel “Franco, Franco, Franco Arriba España” que tan sólo las gentes desplazadas desde Orrios hemos oído.
   Con el tiempo sabré que esto mismo se ha repetido a lo largo de todo el camino hasta Andorra o hasta Belchite o hasta Alcañiz, que no sé adónde iba el invicto caudillo. Los de Tortajada, Villalba Baja, Cuevas Labradas, Peralejos, Alfambra, Orrios, Perales, Cañada Vellida, Fuentes Calientes, Galve, los pueblos de la Val de Jarque, los de El Esquinazo, los de San Just, los mineros de Montalbán y Utrillas… todos, todos han salido hasta la carretera bacheada y parcheada ahora por la zahorra encestada de los peones camineros, y todos se han quedado con el brazo alzado con retraso mirando cómo la cucaracha rodante se marcha sin decir ni mú.
   El artículo de Joaquín Carbonell me lo ha recordado. ¿Qué vino a hacer por aquí el invicto Caudillo? ¿Aquello de las Regiones devastadas? ¿La Central térmica de Andorra? ¿El Belchite reconstruido sin alma con el cuerpo y el alma esforzados de los esclavizados presos? ¿La Central térmica de Aliaga que estos días he enseñado a mis nietos que empiezan a entender la Historia que a mí nunca me explicaron?


 
Central térmica de Aliaga, julio de 2015. @cac.

Mis nietos mayores delante de la térmica desmantelada de Aliaga. julio 2015.


Franco llega a las minas de Andorra en 1953. En aquellos turbios años de la posguerra todo se celebraba con el ondear de banderitas de papel de seda.
Todos los hombres de la comarca tuvieron que acudir a recibir con entusiasmo a Franco - Foto: ALEJANDRO MERLETI.
http://www.elperiodicodearagon.com/…/banderitas-seda_873871…