martes, 25 de noviembre de 2025

Camarena de la Sierra (Teruel) Año 1941. Entre caciques anda el juego

 



Camarena de la Sierra es un lugar singular situado a los pies de Javalambre, en su zona norte.

       En tiempos pasados las ovejas y los pinos marcaron la riqueza de sus vecinos. También la generosidad de sus manantiales acuíferos.

       La guerra civil sacudió con fiereza a la localidad. El pueblo y sus alrededores sufrieron la violencia de unos y otros.

       Las denuncias posteriores y las venganzas aun se pueden conocer con los documentos conservados en los archivos y con la memoria oral que aún recuerdan algunas gentes.

       Aquí traigo una muestra.

       Los nombres que en este texto aparecen y bastantes más ofrecen historias traumáticas tan reales que superan cualquier tentadora novelación.

       Transcribo textualmente la redacción manuscrita.

      

 


Original en AHPTeruel

                       Exmo Sr Gobernador de la Provincia de Teruel

Nos vemos obligados la inmensa mayoría de los vecinos de este Pueblo en comunicarle a V Y lo lamentable y abandono de lo que pasa en este Pueblo respeto al Alcalde y Ayuntamiento que ejercen desde la toma de los nacionales en la mala aministracion que lleva este Pueblo notando el poco interés que llevan por el Pueblo ace dias.

         Ynponiendo que tendrá en su poder unas setenta mil Pesetas o ms de pino de madera subastada de cuatro subastas y solo se sabe que se aconprado una Campana.

         Ademas unas trecietas reses que cobro parte de ellas en la Provincia de Cuenca tanbien tiene el dinero en su poder de la mayoría de estos vecinos de este Pueblo se les an pedido y no se les da cobradas el Año 1939

         Ademas 150 reses el 3 de Julio pasado mas o menos que llevaron a esa capital el tanto por 100 que les corespondia a cada vecino tampoco se les an pagado y Abasto ya les pago y un Abandono el la Yglesia en el cemeterio abierto con un trozo de yerro ciera el enterador la cañeria de la Fuente un desastre escadeciendo de agua que se marcha el agua por barios sitios y notando barias porquerías en dicha condición,

         Tambien atropello a tres o cuatro vcinos de este Pueblo Y de los cobrados en la evacuación Procia de Cuenca como pruebas para ello pastores que costudiaban y presenciales de ello Baltasar Macian Puertas y Manuel Minguez Minguez y de peritos que le acompañaban al Alcalde cobro cierta cantidad de Dinero Gonzalo Minguez Minguez y Pedro Minguez Escolano el Sr. Cura Sebastian Alquezar

         Ademas un abandono en toda la sementera cada uno guardamos a nuestro capricho sin poner un guardia para respeto de todo que sienpre abido guardias que siempre inmemorial las abido

                            Camarena a 16 de Setiembre de 1941

                                      Enrique Minguez Esteban

 

Emo Sr Gobernador Cibil de Teruel


      Informe del delegado del Gobierno 


Original en AHPTeruel



miércoles, 5 de noviembre de 2025

Anselmo Polanco, Obispo que fue de Teruel. ¿Liberado? ¿Fusilado? ¿Por quién?

          

Anselmo Polanco, obispo que fue de Teruel.

 Acerca de los responsables del asesinato del Obispo Polanco y del Coronel Rey D`Harcourt en Pont de Molins el 7 de febrero de 1939, siempre ha habido dudas

       Aporto un documento en donde se habla de su liberación, la del Obispo, antes del 30 de enero en Barcelona.

 Luego, el 7 de febrero, su cadáver apareció junto a otros en Pont de Molins. Después de tiroteados fueron quemados.

 No entro ahora en la historiografía de este hecho sobre el que tanta tierra y silencio se ha echado encima.

El documento, hasta hace un año, estaba, digitalizado, a disposición de cualquiera que lo quisiera consultar en la web oficial del Ayuntamiento de Teruel.

 En la nueva página del Ayuntamiento ya no se pueden consultar las actas de las sesiones municipales. Me dicen que se ha producido un problema informático. 

Esperemos que vuelvan a aparecer





Acta de la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Teruel de 30 de enero de 1939.

 

…     El Sr. Alcalde como cuestión previa e incidental antes de entrar en el orden del día hizo presente haberle visitado Don Roque Escuder, Vicario General,  y dado cuenta de la liberación en Barcelona del ilustrísimo Obispo de la Diócesis Don Anselmo Polanco, noticia tan emotiva que llenó de gozo y satisfacción se apresuraba a transmitir al Ayuntamiento en la seguridad que había de encontrar eco la alegría que le embargaba dado el cariño que todo el mundo sentía hacia la persona venerable del Ilustre Prebendado; todos los asistentes hicieron patente el inmenso júbilo sentido ante hecho tan transcendental expresándose en elevadísimos tonos acerca de las virtudes, caridad y unción evangélica que adornan la excelsa figura del liberado, y como tal débil expresión de cuanto para los presentes significa tal hecho, se acordó por unanimidad, hacer constar en acta el júbilo producido con la felicitación más expresiva por aquel, y proceder a organizar el grandioso recibimiento que en su día se le tributó como demostración de sincero regocijo por su vuelta a la Diócesis tan sabiamente regida, facultando a la Presidencia para disponer cuanto conduzca a los propósitos y envío de mensaje telegráfico al Nuncio de S.S. participativo de la felicitación merecida y deseos de verle pronto en su Diócesis para borrar con el cariño de todos las penalidades del cautiverio.

… … …

 




martes, 14 de octubre de 2025

Se acerca la lluvia amarilla. Las puertas cerradas, el pueblo vacío. Días y noches de silencio.

 


Dentro de unos días los chopos ribereños amarillearán en su ocaso y se tornarán esqueletos.






Aquí, en el aprisco rocoso excavado como refugio, alguna zorra se cobijará esperando la noche.
í


Ni vinos, ni licores. Quizás el próximo verano.

No busques la llave. Nos la hemos llevado.

Si hubieren cartas métalas en el buzón. No tenemos prisa.


También la leñera está vacía.





Algún día del próximo verano abriremos el viejo pajar.




lunes, 29 de septiembre de 2025

Ángel Sánchez Batea. "El Obispo", Teruel.

 


Documento guardado en el Archivo General de la Administración.



Delito:   Se ignora.

22.5.43.-   Entregado para ejecución de sentencia. Fusilado en la madrugada del día siguiente, 23 de mayo, en Torrero.



martes, 16 de septiembre de 2025

Soliloquio palestino

 


       Ya no tengo a nadie. Camino entre la gente. Solo. Voy. Sin saber adónde. Eché a correr. Estaba con mis padres. Con mis hermanos. Metidos debajo de un plástico. Lo único que teníamos. Con un bidón de agua. Medio vacío ya. Entonces no sabíamos dónde estábamos. Hacía ya dos meses que andábamos a trompazos. De un sitio a otro. Nuestra casa desapareció. Un zambombazo y adiós. Nos habíamos ido. Estábamos vivos. Mis padres, mis tres hermanos y yo. Mi padre ya estaba sordo. Los oídos rotos. Por las bombas. Mi madre con temblores sin parar. No podía sujetar ni a mi hermano más pequeño. De un lado a otro. Sin más. Sin saber. Sólo el mar. A nuestra derecha. Me habían dicho que aquello era el este. Que siempre camináramos hacia el sur. Que Egipto estaba por allá. Cada día más gente. Andando y andando. Hacia el sur, siempre hacia el sur decía mi padre. Olía a muerto. Muertos y más muertos. Ya ni los metíamos en la arena y los tapábamos. Luego las olas los llevaban adentro y afuera. Tanta agua y nosotros sin una gota. Ya no teníamos nada. Unos aviones. Como chacales nos tirábamos todos. Algo de harina. Para qué. No teníamos cómo encender fuego. Agua. Agua. Y el agua no llegaba. Caminábamos. La gente caía. Algunos no se levantaban. Lloros y más lloros. Sin lágrimas. Ya no sentíamos el desgarro de las voces. 

    Lo vimos llegar. Un obús envuelto en fuego. Me desperté lleno de sangre. Solo. Estaba solo. Ni mi madre. Ni mi padre. Ni mis hermanos. Muertos por todos lados. Me ahogo. Quiero agua. Sólo agua. Me voy a llenar de agua. Me arden los pies sobre esta arena. Las olas me llegan ya a la cintura. El cuerpo me duele menos. La boca llena de agua. Salada. Me llena. Me muero. Me muero. Ya.






viernes, 29 de agosto de 2025

Volver a la "dula". Combatir el fuego.

 


Como una proa mirando un horizonte vacío el tapial guarda silencio.


foto cac. 2025
 

 El cobijo del tejado lo arrasó el viento. La piedra seca astillada a mallazos sostiene el barro y las esquirlas, amasados por los duros pies tan rodenos como los cinglos buitreros sostiene la viga, como un vigía que atraviesa las entrañas.

La soledad del abandono.
La emigración forzada.

foto cac.


  ¿Retornar a la tierra después que el fuego lo arruine todo?


Yo os maldigo ignorantes sinvergüenzas.
Ni siquiera sabéis lo que fue y puede ser volver a la "dula"














 


domingo, 10 de agosto de 2025

Orrios. Siembra placas solares.

 



           El esqueleto roto de la paridera del abuelo Repoyo se ha quedado varado para siempre en el inicio del lugar de Los Pelarchos.

         Los dos recintos parejos, separados por las paredes levantadas por piedras desparejas recogidas entre las tierras de labor sembradas de centenos en año y vez son tan sólo montones desmoronados ocultos entre los cardos.

         Tan sólo queda una esquina del tejado sujeta por cañizos enhebrados entre retorcidas vigas de los chopos cabeceros crecidos en la ribera (riera, dicen) en los flancos del río, allá lejos.

         La sierle (excremento de las ovejas) después de tantos años sin limpieza se ha decantado en tostaranas tiesas horizontales, cuarteadas y abombadas.

         Para penetrar en lo que fue lugar de acogida de los rebaños (atajos) es preciso agacharse y caminar con cuidado entre el pesebre roto que sirvió para que los mulos, en los tiempos de la siega, comieran su pienso y hasta para que el dallero Mariano durmiera entre las pajas de un centeno añoso en aquellas noches que llegaban después de los días ardientes y eternos de la siega.

         En lo desmoronada pared lateral externa aún adivino las tres piedras que mi madre disponía para sujetar el fuego encendido con unas ramas resecas de carrasca, las mismas piedras que sostenían la olla de barro donde se cocían las patatas luego salpicadas por una raserada de grasa, de aquella grasa que protegió la conserva del último matapuerco que ya se iba agotando. En ocasiones algún gazapo de conejo atrapado entre las aliagas o quizás una liebre encamada entre el aromático espliego (lavanda) acababa en el puchero cuando aún sangraba después del despellejo.

… … … El tiempo pasado se fue, ya no vuelve. Tan sólo queda el recuerdo que sirve para seguir en el camino del vivir de ahora.

… … …  Mañana estos mismos lugares serán atrapados por las placas solares que los encarcelarán para siempre.



… … … Las gentes herederas de estos secanos esperan que les lleguen algunos dineros por estas tierras con la próxima siembra de las placas solares.   

                   … … … Ojalá les sean más rentables que ahora.


martes, 5 de agosto de 2025

De cuando el escritor Vargas Llosa conversó por Sollavientos.

            

. A ver Zavalita, ¿cuándo se jodió el Perú?

    . Oye Varguitas ¿cómo cuándo la cagamos acá?


Original en AHP Teruel


   José García Bea de treinta y cuatro años de edad natural, y vecino de Gudar (Teruel) A V.E. con el devido respeto espone
    Que contando con los conocimientos necesarios, para desenpeñar cargo de Maestro Nacional de 1ª Enseñamza, ó Secretario Municipal, devido a mi imposibilidad fisica, y habiendo desempeñado dichos cargos interinamente durante el Glorioso Movimieno Nacional, hantes, y despues de ser Liverados los pueblos de Gudar, Linares de Mora, y Castelvispal como lo acreditan los Ceufucados, que adjunto con la carta de nuestro Generalisimo; en la que merecomienda me dirja a V.E. para la concesion, de mi cargo. Para mi meseria mas adecuado si V.E. avien lo tiene en uno de los pueblos expresados devido a mi situacion fisica; sabiendo demostrar un veneficio en favor de la universidad y de nuestra querida España.
                        Gudar 22 julio 1939
                         Año de la Victoria
Desearia de V.E. me remita directamente a mi nombre.
Exmo. Sr. Gobernador de la Provincia de Teruel



                        


       . A ver Zavalita, ¿cuándo se jodió el Perú?

    . Oye Varguitas ¿cómo cuándo la cagamos acá?








jueves, 31 de julio de 2025

Alfambra. 4 de Agosto

 

                           La Concejalía de Cultura de Alfambra me remite su programación cultural en Agosto.





sábado, 26 de julio de 2025

Orrios. Las puertas de las eras.

 


           Están todas cerradas.

    La cerradura, pestillo decían aquí, quedó atrancada cuando guardaron la llave de madera, trabajada con la sabiduría manual del carpintero.

     El temple del autor obligaba templanza a quien la abriera.

     El tiempo dejó olvidado el lugar de la guarda y ya sólo podrá ser abierta a trompazo limpio como también dicen en el lugar.

      El cardo borriquero monta su guardia tieso y firme con el sol de la tarde.

    Algunas de estas puertas, tiempo atrás, quisieron ser protegidas por el latón de un raído bidón que sigue el deterioro en su camino oxidado que aquí también dicen rumiento.

      Encuentro las palabras que quiero conservar. Llámenme terruñero y qué más da. 

    Siempre quedarán. 

    Conmigo van. Mi corazón las lleva, como diría Antonio Machado hoy mismo en su aniversario.

   

        La piedra seca, el tapial, tierra y cascajo y en ocasiones paja pajucera y venga pisar y pisar con los pies desnudos, pesa y pesa y los brazos duelen, subido a calderadas y depositado entre los tablones alineados con la plomada. 

    La era explanada mojada y mojada con el agua acarreada desde el río o de la balsa barranquera, apelmazada, apaleada, barrida con escobas trenzadas por manos con dedos como retorcidas ramas de carrasca seca, con sarmientos de mimbres, de sargas o de guillomos, esperando la parva.

      Tiempos pasados.

       No reniego de la cosechadora que, con su boca voraz, se traga las espigas y en un "ya ves tú" el trigo pasa al remolque y el tractor con aire acondicionado y ordenador a bordo lleva el grano al almacén cooperativo.

      

    



fitografías de Clemente Alonso Crespo. 2025. Orrios







 












domingo, 20 de julio de 2025

Orrios. Piedra seca y tapial.

           Eran los pajares. 

     Piedra seca en la base, tapial encima, aprovechando el terreno siempre en cuesta hasta la explanada excavada, allanada golpe a golpe y en ocasiones con piedras rodenas que marcaban el redondel de la era.

    Hoy pajares solitarios, La piedra seca y el tapial aguantan. Las eras acumulan los despojos de un tiempo de ausencias y abandono. Una tristeza infinita recibe lo que llega.

    Cuando ya entonces los fajos (haces) habían sido hacinados, ordenados, equilibrados por las manos rudas, llenas de callos, donde los cardos ya no hacían mella. 

    Cuando, acabada la siega, a corbella (hoz), con la dalla (guadaña), tronzados, atados con un nudo de vencejos hechos con los tallos del centeno áspero y cortante. 

    Cuando, por fin, en los inicios del agosto, se iniciaba la trilla. 

    Se iba deshaciendo, día a día, la hacina, con la parva formada por los fajos extendidos, con el trillo de pedernal rasgando, una y otra vez, vuelta y vuelta y los mulos cansos de tanto y tanto andar, bajo un sol que aplastaba y aun cuanto la voz ronca y en ocasiones rota del mozo que cantaba una jota punteada con el palo de la horca, esperando por fin la molienda y luego el aventeo... y quizás tres, cuatro talegas de trigo. 

    Y mañana de nuevo y otra vez.

       


Pajar en Orrios. foto cac.






Orrios, lo que fue a era.foto cac.




miércoles, 11 de junio de 2025

A propósito de la Romería a la ermita de Santa Ana en Alfambra. 14 junio 2025

             


foto cac.



De cuando gentes de Alfambra decidieron volver a la tradición de la romería a Santa Ana.

       Aunque no se dice en qué consistió la citada renovación.


Original en Archivo Ayuntamiento de Alfambra,





I Andada Romería Ermita de Santa Ana por camino del cerro de los bandoleros.
Una convocatoria completamente gratuita que persigue, el recuperar la tradición de ir andando a la Ermita.
Más información e inscripciones en el Qr de la Imagen o en…
Ver más
Puede ser una imagen de monumento y texto que dice "I ANDADA ROMERÍA ROMERÍADESANTAANA DE SANTA ANA OOg SCAN ME Sábado14deJunio7 Sábado1 14 រូចរំ ਬা de leJunio 7 AM"
Todas las reacciones:
Miryan Isabel Lopez Cisneros, Antonio Monferrer y 24 personas más

viernes, 30 de mayo de 2025

SE llamaba SOLEDAD. La de la PELAGRA.

 

Original en Biblioteca digital hispánica


      ¿Tú te acuerdas de Soledad o no? me dice Saturnino. No me digas que no te acuerdas cuando salíamos de la escuela echando virutas, a toda castaña y nos metíamos en el corral Soledad. Claro que a cagar, qué otra cosa podíamos hacer. En la escuela ni agua, ni cagadero ni cristo que lo inventó. Así que al sitio más cercano, al corral de Soledad. A cagar y a cascárnosla de vez en cuando. Total Soledad bien que chillaba, pero no se enteraba de nada.

            Sí, me acuerdo que yo la miraba desde las ventanas plagadas de cristales de hielo de la escuela. Subía por la cuesta llena de piedras arrastradas que nadie recogía.

            Soledad, en mi recuerdo, ya era una mujer que teníamos por moza vieja. Es posible que tan solo tuviera una veintena de años, que no lo sé, pero se nos antojaba moza vieja. Caminaba con los brazos cruzados como abrazándose a sí misma. Iba y venía una y otra vez y otra y otra. Hablaba con no sé quién y decía sin parar palabras  que sólo ella entendía. Vete tú a saber a quién dirigía aquello que farfullaba. Luego entraba en su casa y ya no sabíamos de ella.

 Cuando a medio día el Pintao y yo volvíamos hasta las masadas de El Alcamín la veíamos agachada entre las mimbreras de los zaicachos del prao, a la caza de alguna rana que de vez en cuando enganchaba por las patas traseras, le daba un estirón, la dejaba sin piel con sus patas escuálidas y blanquecina y se la zampaba de un bocao.

            Soledad se come las ranas, le decíamos a la abuela cuando llegábamos a casa. ¡Dejadla en paz! nos sacudía la abuela, Bastante tiene con lo suyo

Nosotros no sabíamos más que lo suyo era coger las hojas más tiernas de las ortigas y los girasoles rastreros y las camarrojas tempranas que salían con las primeras lluvias. Las metía en un saco lleno de agujeros y se las llevaba a su casa, a rastras,  por la calle de pedruscos y entraba  pisando nuestras mierdas. Allí mismo.

            Fue José el Novato quien me contó años más tarde, en presencia de Saturnino. Salieron de aquí de Alcamín por Palomera y Aguatón y llegaron hasta una corraliza al otro lado junto al Jiloca. Los padres de Soledad no tenían más que una burra y un serón en donde metieron un lechoncico que tenía más hambre que nosotros. Sus padres, ya viejos, del tiempo de los míos, me dijo José. No tenían más hijos que Soledad. Cuatro días y otras cuatro noches tardamos en llegar hasta la corraliza donde nos refugiamos. Por el camino veíamos pasar una y otra vez los aviones de unos y los otros sin saber de qué lado eran y si nos iban a caer las bombas que sacudían.

            En la corraliza un grupo de soldados italianos que llevaban una pluma en su gorro nos traían parte de su rancho todos los días. Entonces Soledad estaba contenta, se reía y se levantaba las haldas de cuando en cuando enseñándoles el culo a aquellos italianos que presumían bigotes astifinos. Organizaban bailes en las eras del pueblo aunque estuvieran los tomillos llenos de escarcha en aquellas rosadas mañaneras. Se refugiaban en los pajares donde hacían las bellaquerías. Soledad aquellos días reía y bailaba, iba de un lugar a otro y siempre volvía con comida para sus padres que guardaba en los jubones del serón sobe los lomos de la burra.

            Por el Jiloca estuvimos hasta que nos dijeron que los moros y los legionarios ya habían entrado en Teruel y que ya los alemanes y sus pavas no aparecían más que de vez en cuando. Mis padres y los de Soledad, decía José, decidieron volver a casa por ver cómo podían retornar al dale y venga de la vida y malcomer para seguir como pudieran. Llevábamos a mi hermana Isabel bien tapada con la toquilla de lana protegida por mi madre. Isabel estuvo tosiendo y tosiendo los tres meses que pasamos junto al Jiloca. Siempre con los ojos abiertos como esperando un aire que no llegaba a sus pulmones. Caminamos por los atajos entre los agujeros profundos causados por los obuses de los morteros abandonaos en los barrancos. Media docena de tanques destruidos nos encontramos en el camino. Nos tuvimos que refugiar de nuevo en la misma paridera que habíamos estado en nuestra ida, en la masada del Salobral, ya sin tejado, ni siquiera con vigas porque las habían quemado los soldados allí refugiados para calentarse.

            Volvían a pasar los aviones, algunos pintados con aquella cruz que marcaban en sus alas, otros eran como mosquitos que semejaban abejorros y que ametrallaban sin ton ni son. Salimos de la paridera con prisa porque queríamos dejar aquellos lugares y ya sólo nos quedaban un par de días para llegar a casa. Los padres de Soledad cargaron el serón encima de la burra y echaron a andar delante de nosotros. Mi madre a pie, cobijando a Isabel con su toquilla de lana. Soledad, su padre y la burra iban unos doscientos pasos delante de nosotros. Fue entonces cuando apareció una de aquellas pavas asomando por Castelfrío. Pegó un bombazo que tronó en toda la sierra y yo sólo vi, dice José, que la burra saltaba por los aires y caía despanzurrada. Oí gritar a Soledad que echó a correr justo en la dirección contraria a la que llevábamos. Vuelve Soledad, vuelve, le decía mi padre que aún sujetaba a los machos desbarrados por la ruidera del bombazo.

            La burra, el padre y la madre de Soledad quedaron despanzurrados alrededor del agujero del bombazo. A mí me dijeron mis padres que me quedara acurrucado en la tierra protegiendo a mi hermana Isabel quien tosía y se ahogaba entre lloros. Mis padres estuvieron buen rato recogiendo restos y piedras, que todo era uno de lo que quedó de la burra, de la madre y del padre de Soledad. Sólo llegó un largo silencio traspasado por la niebla que volvía y volvía a rebufo de los aviones. Un silencio sólo roto por los lloros y las toses de mi hermana Isabel .

            No hubo manera de hacer regresar a Soledad, corría y corría como una endemoniada y no volvimos a saber más de ella hasta que a primeros de Julio llegó por el camino de la piedra picada y cuando se asomó hasta el río se paró en el puente y empezó a gritar y a gritar y, como a trompicones, subió hasta su casa ya medio desgajada y allí se quedó. Algún día la abuela, después de muerta Isabel, le llevaba un pan y una torta de cañamones cuando acudía hasta el horno para hacer su masada.

            Así que le dije a Saturnino que lo que yo recordaba eran aquellas subidas y bajadas de Soledad sorteando las piedras de la calle encosterada que nadie recogía. Con el tiempo le perdimos el miedo. Cuando le daba la gana se subía las haldas hasta la cabeza y hacía como que nos asustaba. Me fui dando cuenta de las pupas ensangrentadas que tenía Soledad en lo que le quedaban de sus labios, en la piel escamada de su cara que no paraba de rascarse, en su cabeza llena de unos granos supurados de pus, en sus brazos que iban perdiendo la piel a tiras y en sus piernas llenas de manchas azuladas en las que no se reconocían más que unos huesos consumidos como de patas de gallina.