martes, 15 de enero de 2019

Teruel. José Sánchez Pascual. Una historia de locos.










Original en ATJZ.

Originl en ATJZ.






       El 19 de enero de 1993 José Sánchez Pascual se encontraba en Valencia y, según certificado médico del Insalud era

 paciente parkinsoniano, intervenido de estonosis de canal vertebral lumbar de la que queda como secuela hemiparesia necesitando sondaje permanente y recientemente intervenido de fractura subtrocanterea derecha por caída casual, por eso no pudo acudir dos días más tartde en que había sido citado ante el Juzgado de Instrucción nº 4 de Valencia para recoger el certificado en que 

 se le concedía la gracia de amnistía en relación al delito de rebeldía en que fue condenado (causa número 1439-41) por tratarse de una infracción delictiva de intencionalidad política.


           A buenas horas mangas verdes. 



       Antes José Sánchez Pascual, Pepe para su familia, había pasado por las cárceles de Valencia, de Zaragoza y había sido ingresado en el psiquiátrico, llamado manicomio, del Padre Jofre en también Valencia.

Original en ATJZ.


         La familia de José fue una de las más castigadas durante y después de la última  guerra civil española. En los comienzos del verano de 1936 los sublevados de Teruel habían matado a su padre Juan, a su tía María y a su prima Pilar de 17 años (esposa e hija de su tío Ángel Sánchez Batea),  su hermano Dámaso había muerto en los calabozos de Valencia como consecuencia de las torturas sufridas en los debidos interrogatorios, a su tío Ángel también lo fusilaron en 1943, su tía Antonia, hermana de su padre, y las hijas de esta,  fueron condenadas a años de prisión después de 1939.

 Por eso, por ser de la familia.


            En el Archivo del Tribunal militar número 32 de Zaragoza se encuentra la documentación relativa al consejo de guerra al que fue sometido instruido por el alférez-juez Antonio Rodríguez Pineda, quien reclamó, ex profeso y por escrito, a los agentes de la brigada social Antonio Ferrer Alapont y Jesús Moreno de la Torre, formados en la Gestapo española, para que aplicaran las medidas oportunas en el interrogatorio de José. No consiguieron que José firmase ninguna declaración, aunque la redactaron y luego sirvió de acusación. Por las torturas que sufrió consiguieron que José se volviera loco y por eso pasó más de un año como prisionero en el psiquiátrico de Valencia y luego padeciera sus secuelas unos años en la cárcel de Zaragoza.

            Los agentes de la Gestapo española citados redactaron ante el siniestro Alférez-Juez citado, quien lo atestiguó,  el día 23 de febrero de 1941 entre otras cosas nunca firmadas por José

 que en julio de 1936 estaba segando, que estuvo en la Columna de Hierro llevando comida a quienes estaban en el parapeto, que luego regresó en el batallón Largo Caballero en el frente de Teruel hasta noviembre de 1937, y luego, en Alicante, que cuando Teruel fue conquistado por el ejército rojo el deponente pidió permiso para trasladarse a Teruel con el fin de recoger a sus familiares y los llevó a Valencia, que en Teruel también recogió las vacas y otros animales de casa de su madre, que a su hermano Dámaso se le escapó un preso en Teruel llamado “el Quingaª cuando iba a matarlo, que en Teruel cuando entraron los rojos se cometieron muchos asesinatos, que su primo Ángel detuvo al “tio Miguel el de La Cuba” y su hermano Dámaso a Manuel el Busca y no sabe qué suerte corriero, que se incorporó a filas con el Gobierno rojo siendo destinado a Borriol (Castellón) en el frente de Levante, que actuó con su primo Ángel en el control de evacuación y clsificación establecido en Puebla de Valverde, donde se cometieron muchos fusilamientos, que en rueda de presos se le señaló como uno de los individuos que se encontraban en la plaza del Torico de Teruel cuando el degollamiento de elementos nacionales se había realizado junto a su primo Ángel “el Obispo” y José “el de las Morenas”.



        La declaración, con la firma del Alférez-Juez y de los policías sociales está fechada, como señalo antes, el 23 de febrero de 1941. Ya muy poco después, el 7 de marzo  el Doctor Barcia Goyanes, jefe de sección de Neuropsiquiatría del hospital de Valencia certifica que

 José Sánchez Pascual, de 28 años,natural de Teruel … se halla afecto de esquizofrenia, con síndrome catatónico, por lo que se recomienda su urgente traslado al Manicomio provincial para su mejor vigilancia y tratamiento.


Original en ATJZ.










    Estuvo allí al menos hasta el 19 de junio de 1942 cuando el médico director de ese establecimiento Doctor Marco Merenciano, comunica al entonces juez especial de la 5ª región militar con sede en Zaragoza que José Sánchez Pascual está en condiciones de ser dado de alta porque

 ha remitido el brote esquizofrénico caracterizado por embotamiento afectivo, acinesia, mutismo, etc…. fue sometido a tratamiento cardiazólico, habiendo remitido totalmente no habiendo presentado posteriormente manifestación de psicosis alguna.




Original en ATJZ


     

                Así, el 19 de noviembre de 1942 declara y ahora sí firma ante el juez especial de Zaragoza que 

no firmó la declaración de 23 de febrero de 1941 por no haberse enterado de que le habían tomado declaración … y que no se encontraba en condiciones físicas para efectuarla … que no estuvo en Teruel cuando entraron las fuerzas rojas sino en Segorbe.


     El fiscal jurídico militar nombrado para el caso en el que se encausaba a José Sánchez Pascual y veinte más pidió el 25 de febrero de 1944 la pena de catorce años y ocho meses de prisión por el delito de rebelión, pese a que

 confundido con su hermano Dámaso (fallecido) le fueron acumulados en  principio cargos que sobre este solo pesaban, hoy desvirtuados.


    Distintos informes remitidos por gentes vinculadas o residentes en Teruel, avalaron la imposición de la pena señalada que los militares componentes del tribunal nombrado ex profeso por lo que quedaban muy satisfechos al copiar las solicitudes de los fiscales.


    Aquí dejo uno de los informes. El firmado por el alcalde de Teruel José Maicas Lorente, autor de varias docenas remitidos a sendos procesos que algún día, con más calma, señalaré.


    Lo delata como

 comunista en extremo y propagandista entusiasta de la extrema izquierda … primo hermano y guardaespaldas de Sánchez Batea “el Obispo”: chulo y matón.

original en ATJZ
José Maicas Lorente, alcalde que fue de Teruel, firmó abundantes informes referidos a personas de su ciudad. Merecen un detenido estudio debido al encarnizamiento reflejado en los mismos. Menos conocido es el hecho en el que, en 1952, fue condenado por un tribunal  a abonar UN MILLÓN de pesetas, más sus intereses, reclamado por el Banco de España agencia de Teruel, como consecuencia de no haber devuelto el préstamo solicitado a título particular, aunque avalado por numerosos ciudadanos relevantes de Teruel, en agosto de 1936,  para la compra de tres aviones destinados a la defensa de Teruel.  




      En 1946, José Sánchez Pascual se encontraba en Valencia, donde había fijado su residencia disfrutando de los beneficios de la libertad condicional  … y solicitaba 

a S. E. el Jefe del Estado en virtud del decreto del 9 de octubre pasado para que sean concedidos los del indulto de la pena que me falta por extinguir.

Solicitud de José Sánchez Pascual en 1946. Original en ATJZ.







jueves, 10 de enero de 2019

Orrios. Esta tierra. Tiempo de espera..




Orrios. La rosada de todas las noches nos trae la amanecida.



         El azud devuelve el agua a su cauce. La tierra abancalada está helada. Nadie riega ahora. Las noches son frías. Las mañanas, al poco, relucen en alboradas. Mantienen tiesas las hierbas con cristales de hielo en sus rosadas intensas. Las umbrías permanecen como espejos sin luz durante todo el día. En las solanas se arrumacan los gorriones ya escasos.
         Hace un rato que las chimeneas anuncian los trabajos cotidianos en las casas. El humo, sin ayuda de viento, se esparce horizontal, lento, hacia los chopos sin hojas, junto al río.
         El ritmo del trabajo se mueve al paso. En el corral los perros husmean con el rabo entre las patas. Los dos hatajos de ovejas que aún quedan se apretujan entre cuerpos y cabezas a empujones buscando los granos del panizo entre la paja, amorradas a la comedera. El pastor ya lleva un rato echándoles el pienso. Luego, hacia el mediodía, sacará el ganado por las lomas del cerro que mira al sur, por la solana. Llegará la tarde y se acercará hasta el río, por abrevar antes de retomar el tiempo mientras llega la anochecida que arrastra los hielos un día sí y otros también.
         Los tractores se van moviendo con ronquidos quedos, retartados en sus motores fríos. No hay mucho que hacer en estos días. Ya, con el inicio del otoño que aún fue lluvioso, labraron, cultivaron las tierras y aun sembraron los secanos. Este tiempo de ahora, soleado y frío, retarda la nacencia de los granos.
         Ningún niño en las calles. Ya son diez años sin escuela. La nacencia se acabó ya ni se sabe cuándo. Quienes pudieran ser padres y madres andan a otras querencias.
         Es tiempo de reparar herramientas, de apuntar la recogida del panizo que aún se salvó de las granizadas de un inicio de verano sin sentido.

       Los periódicos hablan por boca de los políticos al uso de despoblación, del abandono, absoluto sí, de las comunicaciones férreas en estos trenes parados y aún varados para siempre. En esta extensa provincia turolense mueren las gentes y muere la gente un día y otro. Y aquí no nace nadie.
 Uno ve cómo se le van los años sin tener sucesores que tomen el relevo. El trabajo aquí siempre ha estado ligado a una agricultura dura de primitiva subsistencia y a una ganadería que cumplía paliando el hambre y criando la propia naturaleza que se renovaba a sí misma en cada añada.
         En las duras barrancas pedreras de las tierras mineras hace ya años que la despoblación ha sido aún más fiera. Un día sí y dos también fueron cerrando las minas al ocaso del carbón. Picadores, transportistas, comerciantes, maestros, sanitarios y demás gentes escaparon ahuyentados de estos lares porque el presente se acabó y el futuro ya no existe.
         Las ondas de la radio y los bochornos programas de las chabacanas televisiones repiten en su machaca diario una vida superflua de vodeviles donde manda el pechugueo de la entrepierna mientras enseñan la casquería de su cerebro. La información sincera, real, no aparece por ningún lado mientras la amenaza de las barbaridades, las mentiras, son escupidas por las boquitas de piñón, los peluquines panojos, ¡ay, Don RAMÓN TAMAMES!,  los nuevos fijadores en peinados añorados de los tiempos más fascistas, las bochornosas ignorancias históricas, las mentiras conscientes y aún subconscientes con palabras descuidadas en la torpeza de turno. Y runrún y runrún, y raca raca, un día sí, otro también, y otro y otro. Ahora con el dale y venga de lo que SÍ es SÍ, porque sí, les da la gana y qué más da.
         Uno se refugia en su casa, si es que tiene casa, que esa es otra y bien gorda, aprieta los dientes, mira de acabar el día con cobija y sin hambre, piensa, quizás lee y aun escribe, en busca de esperanza.

 
Orrios. El refugio de la casa. Enero. 2019. @ cac.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Dos gaditanos en el invierno de Teruel El general Varela y José María Pemán. 1938.



General Enrique Varela, africanista, dos veces laureado, conspirador antirrepublicano, ministro del ejército en el primer gobierno de Franco, comisario-virrey de España en Marruecos desde 1942 a 1951, imputado por el juez Baltaser Garzón por delitos de detención ilegal y crimenes contra la humanidad durante la guerra civil y el primer franquismo.



Observen las fotografías. El autor de las mismas es “Campúa” (José L. Demaría López). Están fechadas el 20 de febrero de 1938.

            Tomadas en el acceso a Teruel, junto a la ermita de El Carmen.

            Vean al general Enrique Varela acompañado por damas falangistas, por los militares Aranda y Barón y por José María Pemán.
            Todos pertrechados con sus botas polainescas, con sus tabardos y capas entre soldadescas y eclesiásticas, con sus rebufos de alzacuellos astracanados.

            El general Varela se ha erigido en triunfador un mes y medio después de que otro general, Vicente Rojo, hubiese conquistado la misma capital de provincia. 

            Ha sido una batalla devastadora y cruel por y para los dos ejércitos y para la población civil. 
             Muerte y destrucción.

            Los hechos, al poco, fueron manipulados y distorsionados por el propio Varela, quien se guardó en su archivo privado mensajes y órdenes cruzadas entre los responsables máximos del ejército franquista (Dávila, Varela, Aranda y el propio Franco), los coroneles Rey D´Harcourt, defensor de la Comandancia,  Barba, defensor del Seminario y del general Saravia a las órdenes de la República.

      En la manipulación y distorsión historiográfica franquista se condenó como traidor a Rey D´Harcourt y se elevó a los altares al obispo Polanco.

       El general Varela un año después y ya ministro del ejército y laureado dos veces imponía “la laureada” a Franco, quien se la había concedido a sí mismo, en acto público mientras presidía un desfile militar en el paseo de la Castellana. 

            A propuesta de Varela se condecoraba con la cruz de Isabel la Católica el 9 de febrero de 1939 a quienes, justo un año antes, en la noche del 7 al 8 de enero se habían evadido de la Comandancia, acusando de inmediato como traidor a Rey D´Harcourt y, como artífices de todos los desmanes y crímenes a los implicados en el Sumarísimo 2982, con redactados informes inventados de cabo a rabo iniciados por los panfletos publicados por el franciscano y alférez legionario Gil Sendra, por el falangista Clemente Pamplona, por el alcalde de camisa ventolera José Maicas y por el iluminado fascista Alonso Bea. Este último prologado por el propio Varela.

            Nueve de estos civiles acusados, hombres y mujeres turolenses, fueron fusilados el 29 de mayo de 1943, dos no llegaron al juicio porque murieron a palos “debidamente interrogados”, y un par de docenas más purgaron cárcel muchos años después.

            Leer estos miles de folios en los expedientes ponen los pelos como escarpias.

José María Pemás, sumo sacerdote de la cultura franquista, polainas, correaje terciado, cristo colgado sobre el bolsillo de la camisa falangista, gorra requeté, capa volteada e impasible el ademán.

El mismo lugar en que Campúa tomó las fotografías antes de 1936